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“Cuando mis dos hijos eran jóvenes, Yo señalaba a alguien que dormía en un banco del parque o debajo de un árbol y decía: ‘¡Miren, hay un mendigo ahí!’ Ahora, dice Deborah, de 49 años (nombre cambiado), “Yo soy uno”.

Según la Coalición Nacional para los Desamparados, hay desde 700,000 a más de 2 millones de personas sin hogar en Estados Unidos, solamente 15 por ciento de ellos son mujeres.

“Yo no quiero que mis muchachos sepan que soy indigente. Ellos piensan que me estoy quedando con un amigo”. El residente de San Luís Obispo, California, no quería que tomaran su fotografía. “Mis hijos estarían muy avergonzados. “Así no fue que los crié”.

Deborah, empleada como dependiente de una bodega por la mayor parte de su vida, ha estado durmiendo en un parque próximo a un parque de recreación desde febrero del 2009.

“Me convertí en una irresponsable”, dice ella. “La razón por la que no voy a un refugio para desamparados es porque no aceptan mascotas. Tengo mi perrito de 16 años. He hecho muchas cosas erradas, pero él es la prueba de que he hecho algo correcto. Puedo pasar sin comida o techo para asegurarme de que él es atendido.

“No mendigo y no vendo drogas. Soy indigente – eso no me convierte en una criminal”. Deborah se sienta en su bolsa de dormir, enrollando tabaco crudo en envolturas delgadas de cigarrillo. “Pero no planeo seguir en esta situación por mucho tiempo”.

La mayoría de las iglesias tratan de alcanzar a aquellos que están en necesidad, pero es importante conocer la diferencia entre pobreza generacional y pobreza situacional y entender las distintas reglas y culturas inherentes a cada una. Un libro por Ruby Payne y Bill Ehlig, “Lo Que Cada Miembro de Iglesia Debe Saber Sobre la Pobreza”, es un recurso que muchas congregaciones usan para ayudar a cambiar la manera como ellos ven a los que viven en la pobreza.

Jim Walter, un profesor universitario retirado, usó el libro en una clase de Escuela Dominical que él enseña. “Pienso que cada iglesia debe tener este libro a mano y usarlo como una guía de estudio”.

Walter sabe que cambiar ideas preconcebidas sobre la pobreza en Estados Unidos empieza por el estar bien informado y esforzarse por una comunicación más efectiva.

“El día después de enseñar verdades del libro de Payne”, dice Walter, “Me encontré a mí mismo armando camas de dos niveles para una mujer y dos niños. Ella se estaba mudando a una vivienda provista por el condado y necesitaba ayuda para recuperarse después de salir de una relación abusiva. Colectamos muebles, hicimos un esfuerzo por mantenernos en contacto y recogerla a ella y sus hijos para la iglesia. Ella nos dijo que estarían listos varias veces, pero cuando íbamos ella ni siquiera estaba en la casa”.

De acuerdo con los hallazgos de Payne y Ehlig, esta es una conducta típica para aquellos que están atrapados en la pobreza generacional. Las iglesias que procuren ser exitosas en ministrar a los pobres deben entender las “reglas” ocultas. Walter admite que el haber sido despreciado después de ofrecer su ayuda fue desalentador, pero él sabe que va a requerir más que suplir una necesidad inmediata para marcar una diferencia duradera.

“Tenemos que verlo de esta manera”, dice Walter. “Nosotros plantamos la semilla, alguien más la moja, y Dios es en última instancia el cosechero. Es asunto de ser obedientes. Somos llamados a compartir la gracia y provisión de Dios para los pobres, sea que ellos lo entiendan, o no”.

Una de las lecciones más grandes que Walter y su clase aprendieron del libro es que las gentes que viven en pobreza generacional por mucho tiempo han estado viviendo de la ayuda estatal y de los programas de asistencia, y están encerrados en una cultura diferente.

“Hay estereotipos que hacen difícil ayudar”, dice Walter. “Es fácil decir: ‘Ellos no saben cómo manejar dinero y no saben hacer un presupuesto’, pero eso no es cierto. Los que viven en pobreza generacional sí saben cómo presupuestar. Ellos sí saben cómo manejar dinero… pero lo que ellos valoran y cómo gastan son muy distintos de los valores y hábitos de gasto de los americanos de clase media. Gente atrapada en la pobreza generacional puede ir de una iglesia a otra para conseguir algo de dinero en cada una, embaucándonos para conseguir lo que quieren.

“Ayuda real no es simplemente dar dinero”, agrega Walter, “sino ofrecerles también un mentor de ‘oración y cuidado’ a los que vienen a la iglesia por ayuda. Cuando se establece una relación entre alguien que quiere ayuda y alguien dispuesto a ayudar, tiene lugar una transformación espiritual”.

“Lo que Cada Miembro de Iglesia Debe Saber Sobre la Pobreza” se basa en conceptos del libro de Payne escrito en 1995: “Un Marco para Entender la Pobreza”. Ella continúa enfocada en ayudar a educadores y profesionales a trabajar efectivamente con gente que viven en una cultural mal comprendida.

El libro de Payne y Ehlig refuerza la idea de que: “cuando a individuos que han estado en la pobreza se les pregunta cómo han salido de la pobreza, nueve de diez veces dirán que tuvo que ver con una persona que se interesó en ellos como seres humanos.

John y Nancy Gillard, quienes asisten a la clase de Walter, están de acuerdo.

Necesitamos ser útiles sin juzgar a nadie, dice John.

“Es duro manejar frente a una casa destartalada con un patio lleno de malezas, y no comentar sobre la antena de satélite pegada a la marquesina”, agrega Nancy. “Pero la escena tiene sentido completamente cuando usted concluye que el entretenimiento es una prioridad elevada para gente que vive en el presente y no planifica para su futuro. Cuando la gente de clase media pierde todo lo que poseen, probablemente trabajarán duro para volver a su posición inicial, pero los que viven en pobreza generacional do tienen nada a lo que puedan volver”.

Considere estas preguntas, tratadas en “Lo Que Cada Miembros de Iglesia Debe Saber Sobre la Pobreza”:

¿Qué hace su iglesia para hacer sentir bien a individuos que no encajan fácilmente?

¿Cuáles reglas para el uso de dinero desarrolló usted de su experiencia en la vida?

¿Al tiempo que desalentamos la práctica de criticar y murmurar, qué tanto enseñamos sobre confrontación efectiva y destrezas comunicativas?

¿Cuáles son las ventajas de un matrimonio estable para alguien que tiene poco dinero y ninguna posición particular en la comunidad que deba defender? ¿Cuáles podrían considerarse como desventajas?

¿Cuál es el plan a largo plazo de su congregación para trabajar con los pobres?

¿Qué sabe usted sobre las necesidades y preocupaciones de los que viven cerca de su iglesia?

Visite el sitio en la Red de Payne, para más información: www.ahaprocess.com.

El estudio no fue solamente informativo para la pareja de Illinois, sino que los inspiró a actuar en base a lo que habían aprendido. Ellos compraron lo que antes fuera un invernadero y actualmente lo están convirtiendo en una casa de dos habitaciones.

“Después de estudiar el libro de Payne sabíamos que queríamos hacer algo que beneficiara a la comunidad”, dice John.

“La gente en pobreza situacional han llegado ahí apenas recientemente”, dice Nancy. “Queremos ayudarles a recuperarse, conseguir un empleo y tener un lugar seguro para vivir. Si el carro de alguien se daña, no podrá llegar a su trabajo. Si no puede trabajar, quizás no podrá pagar la renta o la hipoteca de la casa. Y la historia sigue. Hay algo así, como un efecto de bola de nieve”.

Los Gillards admiten que el proyecto de la casa ha sido una tarea fuerte, pero trabajar junto otros de la comunidad ha sido ya una bendición.

“Yo necesitaba un plomero”, dice John. “Cuando el llegó, preguntó: ‘¿Por qué está haciendo esto?’ ‘Porque Dios quiere que lo haga’, dije. El plomero preguntó si había algo que él pudiera hacer para ayudar. Como resultado, ambos, él y el electricista dieron su tiempo voluntariamente. Realmente, no se trata de nosotros. Se trata de lo que Dios está haciendo. Pienso que este programa seguirá creciendo, porque más gente se quiere involucrar”.

“Tenemos una pequeña junta para facilitar este proyecto”, dice Nancy. “Esperamos poder ayudar a una familia y sabemos que ya Dios tiene a alguien en mente”.

Extender la mano a gente en necesidad y en situaciones de pobreza es algo que la Biblia claramente enseña.

“Necesitamos trabajar juntos para ayudar a parar la pobreza situacional, antes de que se convierta en pobreza generacional”, dice John. Y al tiempo que no hay una solución inmediata para la gente que vive en la pobreza o en las calles, Payne y Ehlig animan a la gente a empezar a poner en práctica su compasión y una mejor comprensión de las diferencias culturales.

Para Deborah, una mano que la ayude a levantarse, en vez de un regalo, es lo que ella necesita para salir de las calles. Es de esperarse, que en el proceso ella descubra que tiene valor – en nuestra sociedad y ante el Señor.

Nunca pensé que estaría en una situación como esta”, dice ella. “Cada persona puede usar una bolsa de dormir o una botella de agua, pero lo que cada una realmente desea saber es que hay quienes se preocupan por ellas”.