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By
Dave Meurer
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Yo estaba haciendo compras de navidad con mi esposa, y caminábamos hacia otra tienda repleta de figurines, moños, velas y otros objetos alusivos a las festividades navideñas que para mi esposa son tan encantadores. La tienda tenía al frente un gran letrero, pero el cual no decía “Venta Navideña” o “Vea nuestra amplia selección”. No, este era un letrero inusitadamente honesto. En letras grandes, de color rojo intenso decía: “La Pesadilla de Cada Esposo”. Sí, mi esposa me llevó a una tienda que ni siquiera ocultaba el hecho de que me produciría sudor nocturno y un horrible tic nervioso en el hoyo izquierdo de la nariz. A mi esposa le encantan estas tiendas. Yo, por otro lado, tengo una reacción alérgica severa por los geniecillos de cerámica. Para el tiempo en que llegamos al pasillo con las coronas No funcioné muy bien con el aspecto comercial de la navidad. Yo solía trabajar en una tienda al detalle, y el primer día de noviembre tuve que palear 96 yardas cúbicas de desechos navideños sobre las estanterías, mientras los mismos villancicos navideños grabados tocaban una y otra vez en el aparato musical de la tienda. Después de algunas semanas, me encontraba alterando las palabras de la canción que comienza: “Asando castañas en un fuego abierto”, convirtiéndola en una cancioncilla que decía: “Rodolfo corría mientras abríamos fuego”. Pero aparte de agravar mi aversión a las tiendas y a comprar, la Navidad puede ser difícil para mí por razones emocionales. Por varias navidades pasadas, yo he lamentado la ausencia de alguien muy importante para mí. Para ser bien honesto, las semanas antes del 25 de diciembre han sido un tiempo de terror. Puede ser que usted no lo note, pero estamos rodeados de personas que pasan trabajo durante la Navidad. El pasado diciembre, me paré en el cementerio y abracé a una amiga, una viuda que estaba pasando su primera navidad sin su esposo. Ella puso una corona de hojas de pino en su tumba, tocó la lápida y dijo: “¡Feliz Navidad, querido! ¡Te extraño tanto! Pero sé que eres feliz en el cielo. Te amo”. La Navidad puede ser un tiempo agridulce. Se perdemos de vista su significado real, puede convertirse en uno de los peores tiempos del año. Ya es suficientemente duro cuando estás echando de menos a alguien que no puede estar contigo; pero puede ser devastador cuando la persona que extrañas podría estar contigo, pero elige no estar. En la vida pasan cosas duras. La gente muere, matrimonios se destruyen, empleos se pierden, personas con las que contabas te fallan. Los recuerdos de tiempos mejores pueden aumentar el dolor de aquí y ahora. Pero Jesús vino como un regalo del cielo, y eso nadie me lo puede quitar, ni tampoco a ti. Ya sea que esta navidad sea para ti un tiempo de celebración o lamento, aún es verdad que Jesús vino. Ángeles trajeron nuevas increíbles de gran gozo. Tenemos un Salvador. El dolor no dura para siempre. El cielo nos espera. Algún día, todo estará bien. Dios limpiará toda lágrima.
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