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Generosidad Crítica Recientemente leí un artículo y vi un programa de noticias que trataba sobre las finanzas personales en tiempos difíciles. Ellos daban el consejo usual: pague sus cuentas, disfrute sus vacaciones en el lugar donde vive, en vez de ir a otros lugares, reduzca los viajes, deje a un lado los lujos, beba menos café gourmet y menos capuchino, etc. No cuesta tanto a ninguno de nosotros hacer estas cosas (¡excepto el sacrificar los capuchinos!). Lo que llamó mi atención en ambos casos fue su consejo de cómo distribuir el dinero en tiempos difíciles. Uno de los expertos sugirió: 50% para las necesidades y gastos de la casa, 30% para los deseos y 20% para ahorros. El otro experto sugirió 60% para necesidades y gastos de la casa, 20% para ahorros, 10% para recreación y 10% para reducción de deudas. En el Internet, descubrí que estas distribuciones eran ampliamente representativas de la mayoría de los consejeros. Notablemente ausente en todos ellos estaba la generosidad: dar, filantropía, caridad, diezmar, o benevolencia. La generosidad aparentemente ha sido removida de la conversación en el mundo “real” de las finanzas. La benevolencia, para algunos, es pedir demasiado en un tiempo como este – quizás en cualquier tiempo. Personalmente, no encuentro mucha diferencia entre el planeamiento financiero durante o después de la crisis.
Histórica y bíblicamente, el dar designado por el donante jugó un papel importante en la manera como el pueblo de Dios daba. La limosna era estimulada y esperada. Ayudar a las viudas, a los pobres e indigentes era normativo. Pero, lo fundamental en el dar era el dar de manera general consistente, mandado y esperado a los sacerdotes, apóstoles, etc. Ya fueran los diezmos y ofrendas convencionales del Antiguo Testamento (las primicias, ofrendas mecidas, por la culpa, de paz, etc.) o del Nuevo Testamento (la porción de las viudas, filantropía como en Hechos capítulos 2-5), etc.), había el entendido de que los sacerdotes, levitas o apóstoles determinarían el uso de la dádiva tal como estaba prescrito por la Ley o por la sabiduría del Espíritu Santo a través de líderes ungidos. De hecho, muchas de las mismas necesidades suplidas convencionalmente por dádivas designadas por los donantes también eran suplidas por los líderes que recibían ofrendas no designadas por los que las daban (Hechos 2 y 5). Este cambio implica apartarse de la práctica de otorgar nuestros recursos directamente a la iglesia, al liderazgo o al ministerio; también indica un deseo intensificado de controlar la ofrenda: su uso, beneficiario, causa e instrumento de distribución. El potencial para el bien es significativo. El potencial para introducir el ego con demasiada fuerza es igualmente significativo. La gente podría buscar las ofrendas para manipularnos, y es común la filantropía desbalanceada, impulsada por las emociones. Hay muchas historias de mal uso de fondos designados por donantes. En una cultura en la que se nos dice que tenemos control completo sobre el uso de nuestros fondos personales, es importante que nosotros nos apartemos del dar egocéntrico y auto-controlado, y de crear una relación no saludable entre donante y recipiente. Siempre debemos recordar que pertenecemos a una comunidad con líderes llenos del Espíritu y confiables; y que necesitamos dar según Dios mande. Y Dios nos ha mandado a confiar en la iglesia. Mi familia hace muchas dádivas designadas por los donantes, pero también estamos comprometidos a diezmar en la iglesia en una forma que nos mantiene libres de estar en el centro, causa, dirección, aplicación y resultado del dar. Esta es una manera liberadora y balanceada de practicar el dar, la cual es consistente con la Escritura, la historia y un amor hacia Cristo y Su iglesia. Para siervos de Cristo que se sacrifican, les sugiero la siguiente alternativa de adjudicación: 60% para gastos de la casa, 10% para disfrute personal, 10% para la iglesia local, 20% para generosidad dirigida por el Espíritu y transformadora del mundo.
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